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31/10/2008 Actualidad.
Neuroimagen, básica para seleccionar ictus susceptibles de trombolisis.
Escrito por Dy69
El tratamiento trombolítico aplicado a tiempo en casos de accidentes cerebrovasculares puede ser definitivo en la supervivencia y secuelas sufridas por los pacientes, y la forma de seleccionar los casos susceptibles de recibir este tratamiento es usar técnicas de imagen, fundamentalmente resonancia magnética y tomografía computarizada.
Antes de introducirse el tratamiento trombolítico para el ictus isquémico agudo, los estudios de imagen tenían un papel secundario que se limitaba a descartar hemorragia y a excluir otras lesiones que podían simular clínicamente un ictus.
Tras demostrarse el beneficio clínico del tratamiento trombolítico, y con la mejora espectacular de los métodos de imagen, las técnicas de neuroimagen pasan a tener un papel principal porque "diagnostican la isquemia muy precoz y se ve la vascularización cerebral y la hemodinámica cerebral, y es posible separar entre tejido cerebral irreversible y tejido recuperable", afirman los radiólogos del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete Elena Lozano y Lorenzo Abad. Ambos han participado en el XV Curso de Enfermedades Cerebrovasculares para Médicos Residentes de Neurología, organizado por el citado hospital en la Facultad de Medicina de esta ciudad.
El objetivo de las técnicas avanzadas de tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) es, además de descartar hemorragia, establecer un diagnóstico precoz de la isquemia, demostrar la lesión arterial causal y diferenciar entre área de infarto establecido irrecuperable y zona de penumbra para ayudar a una rápida y correcta selección de pacientes para tratamiento trombolítico, excluyendo a aquéllos con más riesgo de complicaciones.
RM o TC
¿Cuándo utilizar una técnica u otra? Ambas son eficaces, y que lo que más decide es "la disponibilidad y la experiencia". Aun así, existen algunas diferencias entre ambas. La TC, explica Abad, es más rápida, con más disponibilidad y más cómodo para el paciente, pues se puede hacer en cinco minutos, mientras que la resonancia alcanza los veinte. No obstante, la TC provoca radiación y la resonancia no; además, "es más difícil de interpretar y analiza menos volumen de tejido cerebral -de 2 a 4 centímetros para la perfusión- que la resonancia, que analiza todo el cerebro", apostilla Lozano.
Normalmente, los neurólogos usan más la RM, pero lo más importante, subraya Lorenzo Abad, es la rapidez: "Cada minuto que pasa es posibilidad de recuperar tejido cerebral que se pierde; los estudios deben ser lo más rápidos posibles pero con la calidad suficiente para llegar al diagnóstico".
Información obtenida de: DiarioMédico
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